
guía descriptiva del territorio de Chile, de las capitales de provincia, de los puertos principales por Recaredo S. Tornero en Valparaíso
Uno de los arquetipos más tradicionales y permanentes del campo chileno fui yo el “inquilino”, quien, una vez asentado en los lindes de las estancias, podía establecerme e intentar fundar mi familia. Yo era un agricultor que criaba ganados y sembraba cereales, miraba como propia la tierra que cultivaba, radicaba en ella para constituir una familia, aumentaba sus economías para formar un capital, y si servía con inteligencia y honradez, obtenía ascensos como capataz y mayordomo y llevaba hasta mi muerte una existencia cómoda, que diferencia con el peón ambulante que, después de una vida de aventuras, tarde o temprano volvía pobre y andrajoso al antiguo hogar. No obstante, a cambio de mi estabilidad y la de mi familia, debía soportar las crecientes arbitrariedades y humillaciones del poder terrateniente que en forma creciente le imponía mayores cargas y obligaciones contractuales. En todo caso, a pesar de su precaria seguridad, me diferenciaba profundamente del sector más desfavorecido de la sociedad: el de los vagabundos. Indios, mestizos, mulatos y zambos, es decir, todo lo que las fuentes llamaban castas, constituían el origen del perpetuo vagabundaje. En efecto, eran miles los hombres que recorrían los campos y la hacienda buscando un trabajo o algo que hurtar.